El Centro de Pastoral Afrocolombiana, CEPAC, convoca, anima y coordina las distintas iniciativas de trabajo pastoral que se realizan con el pueblo afrocolombiano

 

 
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martes, 27 de septiembre de 2011

*** Venanzio, sacerdote africano de misión en Cali

De: Germán Angulo <...@hotmail.com>
Fecha: 25 de septiembre de 2011 17:30


Fuente: ElPais

Venanzio, sacerdote africano de misión en Cali

Un sacerdote católico nacido en Kenia, llegó a Cali para evangelizar al pueblo afro sin traicionar las raíces negras. Perfil de un misionero que predica de Dios a golpe de tambor y marimba.
Por: Santiago Cruz Hoyos, reportero de El País Sábado, Septiembre 24, 2011


El sacerdote Venanzio Mwangi Munyiri nació en Kenia y a Colombia llegó hace ocho años para envangelizar al pueblo afro desde la identidad cultural.
José Luis Guzmán, El País
Ahora, el padre Venanzio Mwangi Munyiri camina hacia el púlpito. Lo hace lentamente, por el medio de ocho mujeres que, de pie, cantan: Ohhh padreee nuestrooo, ohhh Aveee Maríaaa. Un hombre toca la marimba. Se llama Johan. Ferney Carabalí agita el guasá. Johan, una vez termina su toque de marimba, estrella sus palmas una y otra vez contra el tambor.
Es miércoles 21 de septiembre de 2011 y en la Iglesia San Francisco del centro de Cali se inicia una misa afro. Esta vez será un ritual fúnebre. Anuncian que se elevarán plegarias por el eterno descanso de Juan Sánchez Campaña, miembro de la Mesa de Concertación de la Política Pública Afrodescendiente de la ciudad.
Las cantadoras se silencian. El padre Venanzio, vestido con atuendos blancos y rojos, ya está en el púlpito. Habla de la muerte, primero. Después de la necesidad de que el mundo se reconcilie: "Que el negro no le dé la espalda al blanco, ni el blanco al indígena".
El sacerdote llegó a Colombia desde África hace ocho años. Hoy es uno de los líderes de la Pastoral Afro de la Arquidiócesis de Cali. Tiene dos misiones: que el pueblo afro de esta ciudad, la segunda de América Latina con mayor población negra después de Salvador de Bahía, en Brasil, se reconcilie con su pasado, entienda la grandeza de su raza, se sienta orgulloso de lo que es.
También busca que el afro conozca la fe católica y se convierta, sin renunciar a las raíces africanas. El tambor, justamente, vuelve a bramar.

II

Venanzio Mwangi Munyiri nació el 22 de noviembre de 1978 en Kenia. Es miembro de la tribu de los Kikuyu, una de las 43 que conforman el país. Cada tribu es un grupo humano con idioma propio, religión y estructura social particular. Y las tribus que comparten las mismas raíces conforman clanes.
Los kikuyu integran el de los bantúes y son el grupo étnico más numeroso de Kenia, con casi cinco millones de personas. Habitan entre el Valle del Gran Rift y el Monte Kenia, la segunda montaña más alta de África, después del mítico Kilimanjaro.
Colonizada por los ingleses, parte de la tribu se convirtió al protestantismo y al catolicismo durante los siglos XVII y XVIII. Los padres de Venanzio, pentecosteses, al final heredaron la fe católica. De niño, entonces, lo llevaban a la parroquia.
A Venanzio le gustó. Incluso fue monaguillo. Y mientras ayudaba en el altar, le llamó la atención que el sacerdote era el que se tomaba el vino mientras que los feligreses sólo recibían la hostia. Por ese detalle empezó a interesarse en el sacerdocio: "Quería ser padre para poder saber qué se siente al tomar la sangre de Cristo. Era una curiosidad infantil".
Pero además de esa curiosidad, Venanzio admiraba a los misioneros italianos de La Consolata, una comunidad de religiosos que realizaban labores sociales y evangelizadoras en Kenia. Lo sedujo ese trabajo. Viajar por el mundo para promover la fe católica y generar cambios en la vida de las poblaciones a través de la labor social.
En 1998 ya hacía parte de los misioneros de La Consolata. En 2003 lo enviaron a Colombia. Lo más difícil fue aprender el idioma. La profesora de español le decía que se saludaba diciendo "buenos días", "buenas tardes". Él salía a la calle y le decían "q' hubo". El padre se desconcertaba. Hoy habla un español avanzado.
Empezó su trabajo misional en Ciudad Bolívar, en Bogotá. Allá, junto con otros misioneros de Kenia, vivió durante seis meses. Era una misión de inserción en la comunidad, vivir en igualdad de sus condiciones sociales. Alquiló una casa, trabajó en reciclaje, cuidando jardines, lavando carros. La idea era poner en práctica en una realidad como la de los habitantes de Ciudad Bolívar todo lo que había aprendido en el seminario.
Fue allá, en la capital, donde empezó a tener contacto con los afrocolombianos. Y fueron los líderes afro de Bogotá los que le pidieron que todo lo aprendido en Ciudad Bolívar lo aplicara en Cali, la gran ciudad negra de Colombia. Aceptó.
El padre Venanzio llegó en 2007. Entró en la Pastoral Afrocolombiana, que surgió en 1995 y fue impulsada por monseñor Isaías Duarte Cancino.
Y en la Pastoral le encargaron la parroquia del barrio Antonio Nariño, al oriente de la ciudad. Allí hace su labor espiritual con la comunidad, pero apenas es un punto de referencia. Su trabajo y el de la Pastoral es con los negros de Cali. Desde la parroquia atiende barrios como la Unión de Vivienda Popular, Manuela Beltrán, Charco Azul, Marroquín II, San Marino. También viaja a poblaciones rurales afro como Villa Paz y Robles.
"Lo que buscamos es promover la espiritualidad afrodescendiente dentro de la Iglesia Católica. Ayudar para que el afro se sienta en casa dentro de la iglesia y explicarle que no tiene que ser culturalmente distinto para vivir su catolicidad".
Se trata, en parte, de un giro en la historia de la evangelización. Al negro, en época de la esclavitud, se le despojó a la fuerza de su patria, su familia, su lengua. Se le obligó además, para evitar castigos de sus patronos, a aceptar una religión que condenaba algunas de sus tradiciones, lo privaba de su cultura. Esto, por supuesto, hizo que el pueblo afro se alejara de la fe católica.
Ahora la Iglesia, en esa idea de ser lo que proclama, universal, evangeliza pero custodiando la riqueza cultural de los pueblos. Es decir: por ser católico, el negro no tiene por qué dejar su esencia, renunciar, por ejemplo, a esa tradición de conectarse espiritualmente a través del toque del tambor y la marimba.
Tampoco tiene por qué dejar de danzar en sus ritos, ni renunciar a entregar ofrendas a los que parten de este mundo, ni guardar silencio en el funeral de un bebé cuando en su cultura, en esos casos, se cantan arrullos. Se es católico, pero también se es afro.
Como el padre Venanzio. Está sentado en una silla de plástico de la parroquia Antonio Nariño. Viste un pantalón azul oscuro, camisa africana con colores que imitan la piel de un leopardo y sobre su cuello cuelga un collar con dos tambores miniatura: "El tambor es mi compañero".
Arriba, en su cuarto, guarda un cuerno de vaca. Se lo entregaron en su tribu. Es un símbolo de autoridad. Sólo los ancianos y los que fueron eximidos del matrimonio para ser sacerdotes pueden beber licor en él. También tiene un cofia. Es un gorro hecho en piel de oveja, otro símbolo de autoridad en África. Pero su tesoro más preciado es tierra de Kenia. La guarda en una bolsa. Es la conexión con su continente, una manera de comunicarse con su patria más poderosa que el teléfono, que la Internet. Entregar su vida al sacerdocio no hizo que Venanzio olvidara sus raíces. Ese es el mensaje que está predicando a los negros de Cali.
Pero la labor no es sólo evangelizar y fortalecer la cultura afro. También se busca reconciliar al negro con su pasado, la grandeza de su historia, su raza. A esa labor se le denomina Promoción Humana. Se trabaja en derechos humanos, etnoeducación, legislación étnica.
Y en Colombia son varios los religiosos afro que están impulsando aquello. En Cali, el padre Venanzio está acompañado por el diácono keniano Naftalí Mungthia. También está el padre chocoano Wiston Mosquera. Y en zonas de conflicto como Caldono, en el Cauca, está el padre Paul, de Kenia; en Toribío está el estudiante de teología Peter O Chieng, de Uganda; en Puerto Ospina, Putumayo, el padre Kennedy, de Kenia; en Jambaló el estudiante de teología Deogracias Mtika, de Tanzania. Eso para nombrar algunos.
"Son hombres africanos que arriesgan su vida por Colombia", advierte el padre Venanzio, todavía en la parroquia de Antonio Nariño.

III

En la Iglesia San Francisco del centro de Cali la misa afro continúa. Ahora las cantadoras entregan ofrendas a la memoria de Juan Sánchez Campaña. Plátanos, borojó, cocos, productos típicos de la tierra donde nació, el Pacífico. El sacerdote Venanzio bendice las ofrendas, el tambor y la marimba africana vuelven a sonar.




Cordialmente


GERMÁN FERNANDO ANGULO ASPRILLA

Ing. de Sistemas y Telemática USC



miércoles, 17 de noviembre de 2010

Invitación a la ordenación sacerdotal de Albeiro Riascos

Albeiro Riascos Riascos es nuestro delegado de Pastoral Afro en la Arquidiócesis de Medellín.  El único diácono entre los delegados/as...  ¡Hasta el 21!

From: Albeiro Riascos <riascosmicay@yahoo.com>

Date: 2010/11/16


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  ¡FELICIDADES!

¡Que el Señor le conceda abundante fruto, ancestralidad y sabiduría!





miércoles, 2 de junio de 2010

Carta de un Sacerdote

From: stella arias lópez

Date: 2010/6/1

Carta de un sacerdote


Carta del P. Martín Lasarte, salesiano uruguayo que hace casi 20 años está en Angola (África). Es una carta dirigida al periódico New York Times, que se ha empeñado en una campaña mediática contra la Iglesia y el Papa, más allá del doloroso escándalo de los sacerdotes que han sido motivo de escándalo por sus inconductas sexuales aberrantes. 


Querido hermano y hermana periodista:


Soy un simple sacerdote católico. Me siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo en Angola como misionero.


Me da un gran dolor por el profundo mal que personas que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos. No hay duda que la Iglesia no puede estar, sino del lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo tanto todas las medidas que sean tomadas para la protección, prevención de la dignidad de los niños será siempre una prioridad absoluta.


Veo en muchos medios de información, sobre todo en vuestro periódico la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros casos recientes… Ciertamente ¡todo condenable! Se ven algunas presentaciones periodísticas ponderadas y equilibradas, otras amplificadas, llenas de preconceptos y hasta odio.



¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo! Pienso que a vuestro medio de información no le interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG's no estaban autorizadas; que haya tenido que enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en Moxico mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con la distribución de alimentos y semillas; que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000 niños... No es de interés que con otros sacerdotes hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU. No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las noches recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina, que alfabeticen cientos de presos; que otros sacerdotes, como P. Stefano, tengan casas de pasaje para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violentados y buscan un refugio. 


Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa por casa confortando los enfermos y desesperados. No es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a seropositivos… o sobretodo, en parroquias y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar.


No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un accidente en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región… Ninguno pasa los 40 años.
No es noticia acompañar la vida de un Sacerdote "normal" en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve. 


La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia , esa noticia que sin ruido comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece.


No pretendo hacer una apología de la Iglesia y de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos. Hay miserias, pobrezas y fragilidades como en cada ser humano; y también belleza y bondad como en cada criatura…
Insistir en forma obsesionada y persecutoria en un tema perdiendo la visión de conjunto crea verdaderamente caricaturas ofensivas del sacerdocio católico en la cual me siento ofendido.


Sólo le pido amigo periodista, busque la Verdad , el Bien y la Belleza. Eso lo hará noble en su profesión.


En Cristo,


P. Martín Lasarte sdb
Angola - África