El Centro de Pastoral Afrocolombiana, CEPAC, convoca, anima y coordina las distintas iniciativas de trabajo pastoral que se realizan con el pueblo afrocolombiano

 

 
Mostrando entradas con la etiqueta Tumaco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tumaco. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de febrero de 2012

*** Recuento histórico de los últimos acontecimientos de violencia en la Diócesis de Tumaco



DIÓCESIS DE TUMACO

RECUENTO HISTÓRICO DE LOS ÚLTIMOS ACONTECIMIENTOS DE VIOLENCIA EN LA DIÓCESIS DE TUMACO


¡Nosotros también somos Colombia: merecemos respeto y una vida digna!

Las esperanzas, los sueños y los ánimos que como seres humanos sentimos al iniciar un nuevo año, en la Costa Pacífica Nariñense están siendo frenados en seco:

El primero de febrero, pocos minutos antes de las dos de la tarde, hora pico para regresar a la jornada laboral, en el corazón de la ciudad de Tumaco, estalló una bomba en uno de los costados de la estación de policía.
Todo mundo, también los actores armados, saben que el lugar es zona de comercio formal y sobre todo informal. Ahí está la vendedora de minutos, la del chontaduro, el vende-helados; están los conductores esperando el cambio de semáforo, mototaxistas esperando sus pasajeros y pasajeros esperando el trasporte urbano. El lugar es paso principal para muchas personas, con un jardín infantil a pocas casas.
Sin embargo, hubo mentes que decidieran, pies que trajeran y manos que activaran aquella bomba, que asesinó a 9 personas e hirió a más de 70, que destruyó casas, trabajos y sueños.

  • El mismo día, en el municipio de Santa Bárbara Iscuandé, del Norte de la Costa Pacífica Nariñense, murió Jhon Kenner, niño de 13 años, que jugaba con una granada abandonada al lado de la cancha de fútbol. Ocho de sus compañeritos de juego quedaron heridos.

  • En el otro extremo de la Diócesis de Tumaco, en el corregimiento de Altaquer, carretera Tumaco-Pasto, los habitantes del centro del pequeño poblado desde hace semanas por las noches se alejan de sus hogares para buscar refugio en casas alejadas. También en Altaquer existe un puesto de policía en medio de la población que desde septiembre del 2011 ha recibido múltiples hostigamientos por la guerrilla y cuatro ataques sostenidos. Las casas están llenas de los impactos del fuego cruzado. Los alumnos no han empezado clases, porque el colegio se encuentra demasiado expuesto a los artefactos lanzados, más todavía que en medio pasa abiertamente el tubo del oleoducto.

  • El primero de enero en Bocas de Satinga, municipio de Olaya Herrera, a las 5 de la tarde, estalló una granada; perdieron la vida un civil y un agente de policía, quedando gravemente herido otro agente de policía.

  • El 14 de enero, en el barrio Viento Libre, se dio una gran explosión que se oyó en todo Tumaco y donde las esquirlas hirieron la niña Angélica Ponce de 8 años de edad y su hermano Oscar y dejaron 16 casas semidestruidas.

Con todo lo anterior, el año 2012 sigue la triste tendencia de deterioro social, que se viene dando desde hace mucho tiempo. En los últimos cinco años, Tumaco ha sido de los municipios más violentos de Colombia, con una tasa de homicidios cuatro veces más alta que el promedio nacional.
Pareciera que los actores armados de toda índole no sienten el dolor de quienes son víctimas de sus acciones, aún dándose cuenta que son sus propios familiares, amigos o comunidades a quienes están violentando y asesinando. ¿Es eso lo que queremos para nuestras comunidades? ¿Es esta la Colombia que deseamos? ¿Es este el desarrollo que buscamos?

La situación crítica se sigue empeorando a pesar del aumento del pie de fuerza en toda la Costa Pacífica Nariñense. Esto demuestra que las soluciones de fuerza no son adecuadas, si no van acompañadas por planes y programas socio-económicos profundos y sostenidos, concertados con la población.

Porque es precisamente la falta de oportunidades de un trabajo digno lo que hace vulnerables a muchas personas quienes no ven otras salidas que la de huir o vincularse a uno de los actores armados que abundan en la región.
Lastimosamente, en los últimos 10 años muchos campesinos han perdido su medio de subsistencia al ser desplazados forzosamente del campo a la ciudad, donde no encuentran trabajo.
Observamos, cómo empresas de atún, comercializadoras de pescado, camaroneras, la misma palma de aceite, que entre otras existían en su momento en la zona, han dejado de funcionar por múltiples razones.
Según informe de la Cámara de Comercio de Tumaco, en el año 2011 cancelaron sus matrículas de funcionamiento 531 locales comerciales. Muchos comerciantes tuvieron que salir de la región por extorsión, amenazas y atentados, otros están pensando en hacer lo mismo.

Ante toda esta situación, como Diócesis de Tumaco expresamos nuestra solidaridad con las víctimas, porque sentimos su dolor como nuestro propio dolor.
Como ciudadanos reiteramos a los actores armados, que la guerra tiene límites y que el objetivo nunca justifica cualquier medio. Exigimos que cumplan las reglas del Derecho Internacional Humanitario; que distingan entre población combatiente y no combatiente y que no involucren a la población civil.

Como cristianos recordamos, que Jesús vino a este mundo “para que tengamos vida y vida en abundancia.” En medio de este ambiente de abandono y conflicto, donde se ha establecido una lógica del más fuerte, donde el poder y el dinero valen más que la persona, en medio del deterioro familiar y social que estamos sufriendo, reafirmamos, que la vida es sagrada y que su único dueño es Dios.
Hacemos eco del clamor de la comunidad de la Costa Pacífica Nariñense, que se siente cansada y necesita soluciones de fondo e integrales, acordadas con las comunidades, que permitan mirar el mañana con la esperanza de poder levantarse y observar a su familia, compañeros, amigos y comunidad en general para decirle que aquí en nuestro territorio existe un mejor mañana.

Dado en Tumaco, el 2 de febrero de 2012


Mons. GUSTAVO GIRÓN HIGUITA
Obispo Diócesis de Tumaco



domingo, 26 de junio de 2011

** Diócesis de Tumaco: situación en Alto Mira y Frontera

From: Comunicaciones RNDP <comunicaciones@rndp.org.co>
Date: 2011/6/24


DIÓCESIS DE TUMACO
COMISIÓN HUMANITARIA DE VERIFICACIÓN
EN EL CONSEJO COMUNITARIO ALTO MIRA Y FRONTERA
(Comunidades de Unión Victoria, La Balsa, Brisas, Los Laureles) Junio 21 de 2011

El día 21 de junio de 2011 se desplazó una comisión de la Diócesis de Tumaco, conformada por cinco personas, hacia las localidades de Unión Victoria, La Balsa, Brisas y Los Laureles, ubicadas en la zona cuatro del Consejo Comunitario de Alto Mira y Frontera (Tumaco, Nariño) con el fin de verificar una situación de inseguridad para las comunidades antes mencionadas a raíz de la presencia de la Policía Antinarcóticos en el marco de la erradicación manual de coca y combates entre estos y las FARC-EP.

La Diócesis de Tumaco había sido informada de esta situación unos días antes a través de una delegación de los afectados y sus autoridades, quienes además dejaron copia de una denuncia realizada el día miércoles, 15 de junio de 2011, ante la personería municipal y la procuraduría provincial de Tumaco.

La comisión de la Diócesis de Tumaco, en su visita de verificación, llevó a cabo una reunión en la comunidad de La Balsa con presencia de unas 70 personas de cuatro veredas (Unión Victoria, La Balsa, Brisas y Los Laureles) en la cual las comunidades libremente expresaron su situación vivida, manifestando lo siguiente:

Los miembros de la Policía Antinarcóticos llegaron a principios del mes de junio 2011 a esta zona, ubicándose por un día y medio en la comunidad de la Balsa. Los policías permanecían en la comunidad, entraron a sus casas y acamparon en sus inmediaciones. Al llegar presionaron a los habitantes para que desocuparan el lugar con palabras como "si quieren salgan y cuando nos vamos vuelven". A algunas personas les tomaron fotografías sin su consentimiento, entre ellas a algunas mientras estuvieron trabajando en una finca. Posteriormente los uniformados se dividieron en varios grupos y se asentaron en las fincas de los pobladores de esta zona. En la vereda Las Brisas, entraron a las casas de familia y acamparon en medio de las casas, así como en cercanía inmediata del caserío.

Durante el tiempo de la presencia en la zona, los habitantes comentan de unas 10 situaciones de hostigamiento de las FARC-EP y enfrentamientos entre los dos actores armados. La población civil quedaba en medio del fuego cruzado. Esto ha causado gran zozobra y el desplazamiento de un gran número de familias a las comunidades cercanas, a Llorente y al Ecuador: En la vereda de los Laureles, de 52 familias unas 30 familias se han desplazado; de la vereda de la Balsa se comenta que hay 10 familias desplazadas. El día viernes 17 de junio se presentó un enfrentamiento armado en la comunidad de las Brisas después de las 9 pm, cuando la comunidad estaba velando un difunto; inmediatamente la comunidad tuvo que salir corriendo. Ahora, de la Vereda de Brisas toda la comunidad de 32 familias se refugia todas las noches en veredas vecinas.

Los habitantes de las cuatro veredas manifiestan que a raíz de esta situación, desde hace 20 días ya, los docentes no van a trabajar, los niños están sin recibir clases. Los pobladores no pueden desplazarse a sus fincas a trabajar y a buscar los productos de consumo como el plátano, porque en ocasiones los Policías Antinarcóticos, que están alojados en ellas, les prohíben el libre tránsito, argumentando el riesgo a la seguridad de ellos. A un habitante lo amenazaron con una navaja porque intentó entrar a su finca. En este momento existen situaciones de hambre.

Un habitante tuvo que sacar sus tres animales del potrero ocupado por la Policía Antinarcóticos y ahora se ve obligado a pagar pastaje en otro lugar.

Las comunidades también manifiestan la pérdida de bienes: De cultivos de plátano en la vereda de la Balsa, de una madera de guayacán en la vereda de Brisas, de gallinas. El día miércoles, 8 de junio, entre la Balsa y Brisas se perdió una vaca, con la evidencia de que el alambre del potrero donde estaba fue cortado.  En la vereda de los Laureles, según testimonio de la comunidad, los uniformados entraron a una tienda sacando víveres sin pagarlos. En Brisas entraron a una casa cerrada y después faltó una radio.

Hay denuncias que por lo menos en una ocasión se retuvo a 6 personas de las comunidades y los obligaron ese día a arrancar ellos mismos las matas de coca.

Durante la visita de la comisión a los lugares de los hechos se pudo constatar que un grupo de la Policía Antinarcóticos está asentado a solo 15 metros de la escuela de la comunidad de las Brisas, junto al caserío. La escuela está abandonada. Se encontró varias casas cerradas; dos de ellas están destechadas. Los habitantes afirman que estas casas fueron dañadas en el aterrizaje de los helicópteros de la Policía Antinarcóticos, quienes utilizan el campo abierto en el centro del caserío como zona de aterrizaje.

En la comunidad de Los Laureles el campamento de la Policía Antinarcóticos se encuentra en las fincas de los miembros de la comunidad, a unos 150 metros de la escuela, que igualmente estaba cerrada. Se ve los impactos de las balas en los guaduales plantados al lado de una de las casas. Esto explica que los diferentes enfrentamientos continuos producen desplazamientos.

En el paso por una de las fincas, ocupada por miembros de la Policía Antinarcóticos, éstos solicitaron se les informe antes de pasar por dichos lugares.

En esta misma visita, por petición de la comunidad, la comisión humanitaria de verificación intentó dialogar con los comandantes al mando de los dos campamentos de la Policía Antinarcóticos ubicados en las Brisas y los Laureles para ver la posibilidad del retiro de las tropas de las inmediaciones de la población civil, con el fin de que los habitantes de las diferentes veredas puedan movilizarse libremente, y que sus vidas no se pongan en peligro a raíz del fuego cruzado por los enfrentamientos armados. Se esperó hora y media, pero fue imposible; la comisión no fue atendida.

SOLICITAMOS de manera urgente a las entidades competentes:

  • Intervenir a favor de la seguridad, integridad, protección de la vida y los derechos de la población civil de la zona cuatro del Consejo Comunitario Alto Mira y Frontera donde se está erradicando manualmente la coca.
  • Atender debidamente el confinamieno y el desplazamiento masivo tanto interveredal como externo, provocado por los enfrentamientos armados en la zona cuatro del Consejo Comunitario Alto Mira y Frontera.
  • Estar vigilantes sobre la situación de las personas en la zona cuatro del Consejo Comunitario Alto Mira y Frontera durante y después del tiempo de erradicación manual de la coca.
Exhortamos a los actores armados, tanto Policía Antinarcóticos como FARC-EP:
  • Respetar el Derecho Internacional Humanitario, especialmente la distinción entre combatientes y población civil así como el respeto a los lugares y bienes civiles.


Diócesis de Tumaco, 22 de junio de 2011